viernes, 28 de febrero de 2014

Clase del Viernes 21 y 28 /02/2014. Fracaso Escolar.


En estas sesiones hemos tratado sobre el fracaso escolar como concepto (Según Álvaro Marchesi) y todas las consecuencias que conlleva.

Uno de los conceptos que el profesor ha destacado ha sido el siguiente:

Despues de los informes pisa del año 2000, existen dos fracasos escolares: un fracaso escolar administrativo y un fracaso escolar pisa (no contemplado por pisa) que se puede también medir, que consiste en no alcanzar determinado nivel de rendimiento, ya que todo aquel alumnado que no haya alcanzado el nivel 2 pisa se entiende por no superado.

Un fracaso escolar administrativo se da cuando el sujeto en cuestión no ha conseguido la enseñanza secudaria

miércoles, 19 de febrero de 2014

Un momento para reflexionar.

A continuación responderemos a unas preguntas sobre las dos entradas anteriores, donde reflexionaremos sobre las ideas extraídas de estos:


  • ¿Que consecuencias según los textos estudiados podrían tener el uso de las T.I.C. en el aprendizaje de los primeros años?
La consecuencia clara que se obtiene a través de los textos es que el uso de las tic, de una manera reiterativa y el poco uso del los procesos cognitivos mermarán nuestras capacidades de concentración y atención, de tal modo que mantener una concentración en un problema o texto extenso será un gran esfuerzo para nuestro cerebro y acabaremos distrayéndonos con cualquier cosa antes que sufrir esa tortura.

  • ¿Es o no Internet una herramienta?
Internet es una gran herramienta, un gran avance en la humanidad para poder compartirlo todo, un gran almacén de información donde nada se olvida, sin embargo es una herramienta peligrosa, como ya hemos visto, si abusamos demasiado de esta herramienta acabaremos por dejarle las decisiones a una maquina. Por consecuente debemos mantener un equilibrio entre estas dos herramientas, Internet y nuestro cerebro.
  • ¿Cuál habría de ser el papel del maestro en el uso de las tics en las aulas?
El papel del maestro en la actualidad sería el de enseñar las nuevas tecnologías, ya que es necesario enseñar mediante las nuevas tecnologías a unos alumnos que han nacido con ellas debajo del brazo, también es necesario enseñar el uso de estas tecnologías. Sin embargo ademas de enseñar las nuevas tecnologías, el maestro deberá enseñar y educar a los alumnos en el valor de los libros, de la creatividad y la imaginación. Una dura tarea nos espera a la nueva generación de maestros ya que debemos conseguir guardar ese equilibro para que nuestros alumnos tengan un futuro donde puedan y tengan la capacidad de pensar por si mismos.

lunes, 17 de febrero de 2014

Entrevista a Nicholas Carr.

En esta entrevista de el PAÍS al autor del libro "Superficiales" Nicholas Carr, veremos el porque de la razón de su libro, y sus opiniones e ideas acerca de las nuevas tecnologías

El correo electrónico parpadea con un mensaje inquietante: "Twitter te echa de menos. ¿No tienes curiosidad por saber las muchas cosas que te estás perdiendo? ¡Vuelve!". Ocurre cuando uno deja de entrar asiduamente en la red social: es una anomalía, no cumplir con la norma no escrita de ser un voraz consumidor de twitters hace saltar las alarmas de la empresa, que en su intento por parecer más y más humana, como la mayoría de las herramientas que pueblan nuestra vida digital, nos habla con una cercanía y una calidez que solo puede o enamorarte o indignarte. Nicholas Carr se ríe al escuchar la preocupación de la periodista ante la llegada de este mensaje a su buzón de correo. "Yo no he parado de recibirlos desde el día que suspendí mis cuentas en Facebook y Twitter. No me salí de estas redes sociales porque no me interesen. Al contrario, creo que son muy prácticas, incluso fascinantes, pero precisamente porque su esencia son los micromensajes lanzados sin pausa, su capacidad de distracción es enorme". Y esa distracción constante a la que nos somete nuestra existencia digital, y que según Carr es inherente a las nuevas tecnologías, es sobre la que este autor que fue director del Harvard Business Review y que escribe sobre tecnología desde hace casi dos décadas nos alerta en su tercer libro, Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus).

Nicholas Carr, autor de Superficiales / C. MCPHERSON

Cuando Carr (1959) se percató, hace unos años, de que su capacidad de concentración había disminuido, de que leer artículos largos y libros se había convertido en una ardua tarea precisamente para alguien licenciado en Literatura que se había dejado mecer toda su vida por ella, comenzó a preguntarse si la causa no sería precisamente su entrega diaria a las multitareas digitales: pasar muchas horas frente a la computadora, saltando sin cesar de uno a otro programa, de una página de Internet a otra, mientras hablamos por Skype, contestamos a un correo electrónico y ponemos un link en Facebook. Su búsqueda de respuestas le llevó a escribir Superficiales... (antes publicó los polémicos El gran interruptor. El mundo en red, de Edison a Google y Las tecnologías de la información. ¿Son realmente una ventaja competitiva?), "una oda al tipo de pensamiento que encarna el libro y una llamada de atención respecto a lo que está en juego: el pensamiento lineal, profundo, que incita al pensamiento creativo y que no necesariamente tiene un fin utilitario. La multitarea, instigada por el uso de Internet, nos aleja de formas de pensamiento que requieren reflexión y contemplación, nos convierte en seres más eficientes procesando información pero menos capaces para profundizar en esa información y al hacerlo no solo nos deshumanizan un poco sino que nos uniformizan". Apoyándose en múltiples estudios científicos que avalan su teoría y remontándose a la célebre frase de Marshall McLuhan "el medio es el mensaje", Carr ahonda en cómo las tecnologías han ido transformando las formas de pensamiento de la sociedad: la creación de la cartografía, del reloj y la más definitiva, la imprenta. Ahora, más de quinientos años después, le ha llegado el turno al efecto Internet.

Pero no hay que equivocarse: Carr no defiende el conservadurismo cultural. Él mismo es un usuario compulsivo de la web y prueba de ello es que no puede evitar despertar a su ordenador durante una breve pausa en la entrevista. Descubierto in fraganti por la periodista, esboza una tímida sonrisa, "¡lo confieso, me has cazado!". Su oficina está en su residencia, una casa sobre las Montañas Rocosas, en las afueras de Boulder (Colorado), rodeada de pinares y silencio, con ciervos que atraviesan las sinuosas carreteras y la portentosa naturaleza estadounidense como principal acompañante.

PREGUNTA. Su libro ha levantado críticas entre periodistas como Nick Bilton, responsable del blog de tecnología Bits de The New York Times, quien defiende que es mucho más natural para el ser humano diversificar la atención que concentrarla en una sola cosa.

RESPUESTA. Más primitivo o más natural no significa mejor. Leer libros probablemente sea menos natural, pero ¿por qué va a ser peor? Hemos tenido que entrenarnos para conseguirlo, pero a cambio alcanzamos una valiosa capacidad de utilización de nuestra mente que no existía cuando teníamos que estar constantemente alerta ante el exterior muchos siglos atrás. Quizás no debamos volver a ese estado primitivo si eso nos hace perder formas de pensamiento más profundo.

P. Internet invita a moverse constantemente entre contenidos, pero precisamente por eso ofrece una cantidad de información inmensa. Hace apenas dos décadas hubiera sido impensable.

R. Es cierto y eso es muy valioso, pero Internet nos incita a buscar lo breve y lo rápido y nos aleja de la posibilidad de concentrarnos en una sola cosa. Lo que yo defiendo en mi libro es que las diferentes formas de tecnología incentivan diferentes formas de pensamiento y por diferentes razones Internet alienta la multitarea y fomenta muy poco la concentración. Cuando abres un libro te aíslas de todo porque no hay nada más que sus páginas. Cuando enciendes el ordenador te llegan mensajes por todas partes, es una máquina de interrupciones constantes.

P. ¿Pero, en última instancia, cómo utilizamos la web no es una elección personal?

R. Lo es y no lo es. Tú puedes elegir tus tiempos y formas de uso, pero la tecnología te incita a comportarte de una determinada manera. Si en tu trabajo tus colegas te envían treinta e-mails al día y tú decides no mirar el correo, tu carrera sufrirá. La tecnología, como ocurrió con el reloj o la cartografía, no es neutral, cambia las normas sociales e influye en nuestras elecciones.

P. En su libro habla de lo que perdemos y aunque mencione lo que ganamos apenas toca el tema de las redes sociales y cómo gracias a ellas tenemos una herramienta valiosísima para compartir información.

R. Es verdad, la capacidad de compartir se ha multiplicado aunque antes también lo hacíamos. Lo que ocurre con Internet es que la escala, a todos los niveles, se dispara. Y sin duda hay cosas muy positivas. La Red nos permite mostrar nuestras creaciones, compartir nuestros pensamientos, estar en contacto con los amigos y hasta nos ofrece oportunidades laborales. No hay que olvidar que la única razón por la que Internet y las nuevas tecnologías están teniendo tanto efecto en nuestra forma de pensar es porque son útiles, entretenidas y divertidas. Si no lo fueran no nos sentiríamos tan atraídos por ellas y no tendrían efecto sobre nuestra forma de pensar. En el fondo, nadie nos obliga a utilizarlas.

P. Sin embargo, a través de su libro usted parece sugerir que las nuevas tecnologías merman nuestra libertad como individuos...

R. La esencia de la libertad es poder escoger a qué quieres dedicarle tu atención. La tecnología está determinando esas elecciones y por lo tanto está erosionando la capacidad de controlar nuestros pensamientos y de pensar de forma autónoma. Google es una base de datos inmensa en la que voluntariamente introducimos información sobre nosotros y a cambio recibimos información cada vez más personalizada y adaptada a nuestros gustos y necesidades. Eso tiene ventajas para el consumidor. Pero todos los pasos que damos online se convierten en información para empresas y Gobiernos. Y la gran pregunta a la que tendremos que contestar en la próxima década es qué valor le damos a la privacidad y cuánta estamos dispuestos a ceder a cambio de comodidad y beneficios comerciales. Mi sensación es que a la gente le importa poco su privacidad, al menos esa parece ser la tendencia, y si continúa siendo así la gente asumirá y aceptará que siempre están siendo observados y dejándose empujar más y más aún hacia la sociedad de consumo en detrimento de beneficios menos mensurables que van unidos a la privacidad.

P. Entonces... ¿nos dirigimos hacia una sociedad tipo Gran Hermano?

R. Creo que nos encaminamos hacia una sociedad más parecida a lo que anticipó Huxley en Un mundo feliz que a lo que describió Orwell en 1984. Renunciaremos a nuestra privacidad y por tanto reduciremos nuestra libertad voluntaria y alegremente, con el fin de disfrutar plenamente de los placeres de la sociedad de consumo. No obstante, creo que la tensión entre la libertad que nos ofrece Internet y su utilización como herramienta de control nunca se va a resolver. Podemos hablar con libertad total, organizarnos, trabajar de forma colectiva, incluso crear grupos como Anonymous pero, al mismo tiempo, Gobiernos y corporaciones ganan más control sobre nosotros al seguir todos nuestros pasos online y al intentar influir en nuestras decisiones.

P. Wikipedia es un buen ejemplo de colaboración a gran escala impensable antes de Internet. Acaba de cumplir diez años...

R. Wikipedia encierra una contradicción muy clara que reproduce esa tensión inherente a Internet. Comenzó siendo una web completamente abierta pero con el tiempo, para ganar calidad, ha tenido que cerrarse un poco, se han creado jerarquías y formas de control. De ahí que una de sus lecciones sea que la libertad total no funciona demasiado bien. Aparte, no hay duda de su utilidad y creo que ha ganado en calidad y fiabilidad en los últimos años.

P. ¿Y qué opina de proyectos como Google Books? En su libro no parece muy optimista al respecto...

R. Las ventajas de disponer de todos los libros online son innegables. Pero mi preocupación es cómo la tecnología nos incita a leer esos libros. Es diferente el acceso que la forma de uso. Google piensa en función de snippets, pequeños fragmentos de información. No le interesa que permanezcamos horas en la misma página porque pierde toda esa información que le damos sobre nosotros cuando navegamos. Cuando vas a Google Books aparecen iconos y links sobre los que pinchar, el libro deja de serlo para convertirse en otra web. Creo que es ingenuo pensar que los libros no van a cambiar en sus versiones digitales. Ya lo estamos viendo con la aparición de vídeos y otros tipos de media en las propias páginas de Google Books. Y eso ejercerá presión también sobre los escritores. Ya les ocurre a los periodistas con los titulares de las informaciones, sus noticias tienen que ser buscables, atractivas. Internet ha influido en su forma de titular y también podría cambiar la forma de escribir de los escritores. Yo creo que aún no somos conscientes de todos los cambios que van a ocurrir cuando realmente el libro electrónico sustituya al libro.

P. ¿Cuánto falta para eso?

R. Creo que tardará entre cinco y diez años.

P. Pero aparatos como el Kindle permiten leer muy a gusto y sin distracciones...

R. Es cierto, pero sabemos que en el mundo de las nuevas tecnologías los fabricantes compiten entre ellos y siempre aspiran a ofrecer más que el otro, así que no creo que tarden mucho en hacerlos más y más sofisticados, y por tanto con mayores distracciones.

P. El economista Max Otte afirma que pese a la cantidad de información disponible, estamos más desinformados que nunca y eso está contribuyendo a acercarnos a una forma de neofeudalismo que está destruyendo las clases medias. ¿Está de acuerdo?

R. Hasta cierto punto, sí. Cuando observas cómo el mundo del software ha afectado a la creación de empleo y a la distribución de la riqueza, sin duda las clases medias están sufriendo y la concentración de la riqueza en pocas manos se está acentuando. Es un tema que toqué en mi libro El gran interruptor. El crecimiento que experimentó la clase media tras la II Guerra Mundial se está revirtiendo claramente.

P. Internet también ha creado un nuevo fenómeno, el de las microcelebridades. Todos podemos hacer publicidad de nosotros mismos y hay quien lo persigue con ahínco. ¿Qué le parece esa nueva obsesión por el yo instigado por las nuevas tecnologías?

R. Siempre nos hemos preocupado de la mirada del otro, pero cuando te conviertes en una creación mediática -porque lo que construimos a través de nuestra persona pública es un personaje-, cada vez pensamos más como actores que interpretan un papel frente a una audiencia y encapsulamos emociones en pequeños mensajes. ¿Estamos perdiendo por ello riqueza emocional e intelectual? No lo sé. Me da miedo que poco a poco nos vayamos haciendo más y más uniformes y perdamos rasgos distintivos de nuestras personalidades.

P. ¿Hay alguna receta para salvarnos'?

R. Mi interés como escritor es describir un fenómeno complejo, no hacer libros de autoayuda. En mi opinión, nos estamos dirigiendo hacia un ideal muy utilitario, donde lo importante es lo eficiente que uno es procesando información y donde deja de apreciarse el pensamiento contemplativo, abierto, que no necesariamente tiene un fin práctico y que, sin embargo, estimula la creatividad. La ciencia habla claro en ese sentido: la habilidad de concentrarse en una sola cosa es clave en la memoria a largo plazo, en el pensamiento crítico y conceptual, y en muchas formas de creatividad. Incluso las emociones y la empatía precisan de tiempo para ser procesadas. Si no invertimos ese tiempo, nos deshumanizamos cada vez más. Yo simplemente me limito a alertar sobre la dirección que estamos tomando y sobre lo que estamos sacrificando al sumergirnos en el mundo digital. Un primer paso para escapar es ser conscientes de ello. Como individuos, quizás aún estemos a tiempo, pero como sociedad creo que no hay marcha atrás.

Una de las ideas que deja clara el autor Nicholas Carr es la que las máquinas, redes sociales e Internet no son malas, estas han contribuido a un gran avance en pos del desarrollo de la humanidad, si no un mal uso por nuestra parte, ya que no somos conscientes de que nuestro cerebro se marchita sin el uso.

Otras de las ideas que mas me llama la atención dado que como usuario de las redes sociales y -para que engañarnos- adicto a las nuevas tecnologías, es la renuncia por nuestra parte de nuestra libertad, de nuestra paz, ya que constantemente los mensajes nos persiguen allá donde vayamos sin limites, así como nos persigue y vigilan los gobiernos como el reciente caso de E.E.U.U que vigilaba a todos sus ciudadanos sin respetar sus derechos. Una de las cosas mas escalofriantes es que si pongo mi nombre y apellidos en Internet, sale todo tipo de información sobre mi, cosas como mi lugar de residencia, correo electrónico, numero de teléfono e incluso mi DNI.

Fuente:
http://elpais.com/diario/2011/01/29/babelia/1296263535_850215.html

Inteligencia Artificial.

Este artículo del PAÍS trata sobre las nuevas tecnologías, donde el autor da su opinión sobre el libro "The Shallows: What the Internet is Doing to Our Brains y, en español, Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus, 2011)."

Nicholas Carr estudió Literatura en Dartmouth College y en la Universidad de Harvard y todo indica que fue en su juventud un voraz lector de buenos libros. Luego, como le ocurrió a toda su generación, descubrió el ordenador, el Internet, los prodigios de la gran revolución informática de nuestro tiempo, y no sólo dedicó buena parte de su vida a valerse de todos los servicios online y a navegar mañana y tarde por la Red; además, se hizo un profesional y un experto en las nuevas tecnologías de la comunicación sobre las que ha escrito extensamente en prestigiosas publicaciones de Estados Unidos e Inglaterra.

Un buen día descubrió que había dejado de ser un buen lector, y, casi casi, un lector. Su concentración se disipaba luego de una o dos páginas de un libro, y, sobre todo si aquello que leía era complejo y demandaba mucha atención y reflexión, surgía en su mente algo así como un recóndito rechazo a continuar con aquel empeño intelectual. Así lo cuenta: "Pierdo el sosiego y el hilo, empiezo a pensar qué otra cosa hacer. Me siento como si estuviese siempre arrastrando mi cerebro descentrado de vuelta al texto. La lectura profunda que solía venir naturalmente se ha convertido en un esfuerzo".

Los alumnos han perdido el hábito de leer para contentarse con un mariposeo cognitivo
Preocupado, tomó una decisión radical. A finales de 2007, él y su esposa abandonaron sus ultramodernas instalaciones de Boston y se fueron a vivir a una cabaña de las montañas de Colorado, donde no había telefonía móvil y el Internet llegaba tarde, mal y nunca. Allí, a lo largo de dos años, escribió el polémico libro que lo ha hecho famoso. Se titula en inglés The Shallows: What the Internet is Doing to Our Brains y, en español, Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus, 2011). Lo acabo de leer, de un tirón, y he quedado fascinado, asustado y entristecido.

Carr no es un renegado de la informática, no se ha vuelto un ludita contemporáneo que quisiera acabar con todas las computadoras, ni mucho menos. En su libro reconoce la extraordinaria aportación que servicios como el de Google, Twitter, Facebook o Skype prestan a la información y a la comunicación, el tiempo que ahorran, la facilidad con que una inmensa cantidad de seres humanos pueden compartir experiencias, los beneficios que todo esto acarrea a las empresas, a la investigación científica y al desarrollo económico de las naciones.

Pero todo esto tiene un precio y, en última instancia, significará una transformación tan grande en nuestra vida cultural y en la manera de operar del cerebro humano como lo fue el descubrimiento de la imprenta por Johannes Gutenberg en el siglo XV que generalizó la lectura de libros, hasta entonces confinada en una minoría insignificante de clérigos, intelectuales y aristócratas. El libro de Carr es una reivindicación de las teorías del ahora olvidado Marshall MacLuhan, a quien nadie hizo mucho caso cuando, hace más de medio siglo, aseguró que los medios no son nunca meros vehículos de un contenido, que ejercen una solapada influencia sobre éste, y que, a largo plazo, modifican nuestra manera de pensar y de actuar. MacLuhan se refería sobre todo a la televisión, pero la argumentación del libro de Carr, y los abundantes experimentos y testimonios que cita en su apoyo, indican que semejante tesis alcanza una extraordinaria actualidad relacionada con el mundo del Internet.

Los defensores recalcitrantes del software alegan que se trata de una herramienta y que está al servicio de quien la usa y, desde luego, hay abundantes experimentos que parecen corroborarlo, siempre y cuando estas pruebas se efectúen en el campo de acción en el que los beneficios de aquella tecnología son indiscutibles: ¿quién podría negar que es un avance casi milagroso que, ahora, en pocos segundos, haciendo un pequeño clic con el ratón, un internauta recabe una información que hace pocos años le exigía semanas o meses de consultas en bibliotecas y a especialistas? Pero también hay pruebas concluyentes de que, cuando la memoria de una persona deja de ejercitarse porque para ello cuenta con el archivo infinito que pone a su alcance un ordenador, se entumece y debilita como los músculos que dejan de usarse.

No es verdad que el Internet sea sólo una herramienta. Es un utensilio que pasa a ser una prolongación de nuestro propio cuerpo, de nuestro propio cerebro, el que, también, de una manera discreta, se va adaptando poco a poco a ese nuevo sistema de informarse y de pensar, renunciando poco a poco a las funciones que este sistema hace por él y, a veces, mejor que él. No es una metáfora poética decir que la "inteligencia artificial" que está a su servicio, soborna y sensualiza a nuestros órganos pensantes, los que se van volviendo, de manera paulatina, dependientes de aquellas herramientas, y, por fin, en sus esclavos. ¿Para qué mantener fresca y activa la memoria si toda ella está almacenada en algo que un programador de sistemas ha llamado "la mejor y más grande biblioteca del mundo"? ¿Y para qué aguzar la atención si pulsando las teclas adecuadas los recuerdos que necesito vienen a mí, resucitados por esas diligentes máquinas?

No es extraño, por eso, que algunos fanáticos de la Web, como el profesor Joe O'Shea, filósofo de la Universidad de Florida, afirme: "Sentarse y leer un libro de cabo a rabo no tiene sentido. No es un buen uso de mi tiempo, ya que puedo tener toda la información que quiera con mayor rapidez a través de la Web. Cuando uno se vuelve un cazador experimentado en Internet, los libros son superfluos". Lo atroz de esta frase no es la afirmación final, sino que el filósofo de marras crea que uno lee libros sólo para "informarse". Es uno de los estragos que puede causar la adicción frenética a la pantallita. De ahí, la patética confesión de la doctora Katherine Hayles, profesora de Literatura de la Universidad de Duke: "Ya no puedo conseguir que mis alumnos lean libros enteros".

Esos alumnos no tienen la culpa de ser ahora incapaces de leer Guerra y Paz o El Quijote. Acostumbrados a picotear información en sus computadoras, sin tener necesidad de hacer prolongados esfuerzos de concentración, han ido perdiendo el hábito y hasta la facultad de hacerlo, y han sido condicionados para contentarse con ese mariposeo cognitivo a que los acostumbra la Red, con sus infinitas conexiones y saltos hacia añadidos y complementos, de modo que han quedado en cierta forma vacunados contra el tipo de atención, reflexión, paciencia y prolongado abandono a aquello que se lee, y que es la única manera de leer, gozando, la gran literatura. Pero no creo que sea sólo la literatura a la que el Internet vuelve superflua: toda obra de creación gratuita, no subordinada a la utilización pragmática, queda fuera del tipo de conocimiento y cultura que propicia la Web. Sin duda que ésta almacenará con facilidad a Proust, Homero, Popper y Platón, pero difícilmente sus obras tendrán muchos lectores. ¿Para qué tomarse el trabajo de leerlas si en Google puedo encontrar síntesis sencillas, claras y amenas de lo que inventaron en esos farragosos librotes que leían los lectores prehistóricos?

La revolución de la información está lejos de haber concluido. Por el contrario, en este dominio cada día surgen nuevas posibilidades, logros, y lo imposible retrocede velozmente. ¿Debemos alegrarnos? Si el género de cultura que está reemplazando a la antigua nos parece un progreso, sin duda sí. Pero debemos inquietarnos si ese progreso significa aquello que un erudito estudioso de los efectos del Internet en nuestro cerebro y en nuestras costumbres, Van Nimwegen, dedujo luego de uno de sus experimentos: que confiar a los ordenadores la solución de todos los problemas cognitivos reduce "la capacidad de nuestros cerebros para construir estructuras estables de conocimientos". En otras palabras: cuanto más inteligente sea nuestro ordenador, más tontos seremos.

Tal vez haya exageraciones en el libro de Nicholas Carr, como ocurre siempre con los argumentos que defienden tesis controvertidas. Yo carezco de los conocimientos neurológicos y de informática para juzgar hasta qué punto son confiables las pruebas y experimentos científicos que describe en su libro. Pero éste me da la impresión de ser riguroso y sensato, un llamado de atención que -para qué engañarnos- no será escuchado. Lo que significa, si él tiene razón, que la robotización de una humanidad organizada en función de la "inteligencia artificial" es imparable. A menos, claro, que un cataclismo nuclear, por obra de un accidente o una acción terrorista, nos regrese a las cavernas. Habría que empezar de nuevo, entonces, y a ver si esta segunda vez lo hacemos mejor.

Las ideas principales de este artículo quedan bastante claras, el autor del mismo expresa su descontento con las nuevas tecnologías, un descontento ligado al mal uso de estas ya que legamos a estas maquinas todos nuestros procesos cognitivos, y de esta manera como bien argumenta el autor "cuanto mas inteligente sea nuestro ordenador, mas tontos seremos".


Fuente:
http://elpais.com/diario/2011/07/31/opinion/1312063211_850215.html

jueves, 6 de febrero de 2014

Nos adaptamos a las nuevas tecnologías.

En esta sesión el profesor José Francisco Durán nos mostrará como usar las herramientas de Internet para ayudarnos, esto nos servirá para el futuro, para una mayor comunicación con nuestros alumnos, ya que estos habrán nacido en la nueva Era Tecnológica.

miércoles, 5 de febrero de 2014

El objetivo de la educación.

                    
Noam Chomsky, lingüista, filósofo y activista estadounidense nacido el 7 de diciembre de 1928. Es considerado una de las figuras más destacadas de la lingüística del siglo XX gracias a sus trabajos en teoría lingüística y ciencia cognitiva.

En este vídeo habla sobre algunos temas relacionados con la educación, especialmente con el objetivo y finalidad de ella.
En este documento digital, existen dos formas de entender la educación, como adoctrinamiento de jóvenes que obedezcan y no se cuestionen los distintos temas de la sociedad (educación de los países con dictaduras) y como creador de personas cultas y con formación.

Durante los años de educación preescolar hasta la enseñanza secundaria y Bachillerato el sistema educativo se centra en el comportamiento de sus alumnos, que no causen problemas, que pasen desapercibidos y que se limiten a aprender conocimientos y respetar a los adultos. Desde el punto de vista de un alumno como yo se observa que los centros no se enfocan en que los alumnos aprendan, que se diviertan aprendiendo, un claro ejemplo de lo que se puede conseguir si el sistema de educación se enfoca en los alumnos, es el sistema educativo de Finlandia, donde el rendimiento de los alumnos es el mas alto de la media europea.

Cuando el alumno que sale de esta escuela accede a los estudios universitarios, prácticamente se le exige que sea creativo e ingenioso, el problema radica en que después de una educación en la que precisamente se da mucho mas valor a las materias troncales como lengua, matemáticas y ciencia, y se "desprecia" a las demás asignaturas como música, plástica, tecnología etc... los alumnos no tienen desarrollada esa creatividad y ese ingenio que se pide, el cerebro de la mayoría de los alumnos perdida toda su capacidad de ingenio y creatividad. De está manera, nos piden nuevamente que recuperemos nuestra carisma y nuestras ansias de investigar de cuando éramos niños. Desde mi punto de vista es totalmente contraproducente, ya que de un año para otro, quieren que cambiemos completamente lo que nos han enseñado durante toda nuestra educación.

Una solución viable, como ya he citado antes, sería adoptar un sistema de enseñanza como el de Finlandia, donde todas las materias están al mismo nivel, el alumno dispone del centro para todo lo que le pueda ocurrir, el centro se convierte en su casa y de esta manera el alumno aprende de una manera mas relajada, creativa e ingeniosa, ya que el se pone sus propias metas.

En esta sociedad la educación es igual a gasto, los gobernantes saben que una educación tan buena como la de Finlandia sería un gasto a tener en cuenta. En España cada vez se hacen más recortes, que dan a entender que la educación es un pérdida de dinero innecesaria. La figura del profesor ha perdido prestigio y credibilidad. Se cree que para enseñar conocimientos vale cualquiera de ahí el típico refrán ( el que vale, vale, y el que no para profesor). En esta carrera se nos prepara para sacar lo mejor de cada niño y aprovechar todo el potencial de la juventud, eso debe ser un profesor, y no la creencia que hay en esta sociedad.

Uno de los temas mas concurridos actualmente y que también trata Chomsky es una educación que se basa en exámenes, todo el mundo sabe que los exámenes son útiles para evaluar si un alumno ha aprendido los conocimientos necesarios, pero un examen no implica que un alumno sepa mas que otro, ya que es imposible evaluar todo con un examen de esta manera el alumno no aprende, simplemente se obliga al alumno a memorizar una serie de contenidos para superar ese examen. Una solución sería examinar de manera dinámica, por grupos, mediante juegos etc... sin que el alumno sepa que se le esta evaluando de esta manera conseguiremos mejores resultados ya que el alumno se divierte examinándose y evitamos los estados de nervios etc...

Finalmente, Chomsky hace referencia a las nuevas tecnologías en la sociedad y en el campo de la educación. Las nuevas  tecnologías, como el Internet son una buena herramienta pero depende de la aplicación propia que le demos, ya que puede ayudarnos o bien si abusamos de el sustituirnos.

Es necesario educar a las niños en el uso de Internet ya que los niños de hoy en día a diferencia de nosotros han nacido en la era digital y no educarlos en base a eso a mi parecer sería un gran error. No todo lo que se encuentra en la red es bueno y válido, por lo que tendremos que fomentar la manera en la que se busca la información y enseñar a la juventud a juzgar por ellos mismos la información que encuentran.